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Es recurrente entre los miembros de las Naciones Unidas la evaluación de que la Organización debe ser reformada a fin de reflejar la realidad contemporánea y perfeccionar su funcionamiento. En el campo de la paz y la seguridad, se debe fortalecer el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que su estructura, heredada de la Segunda Guerra Mundial, no ha acompañado la evolución de la coyuntura internacional. Si en 1945 había 51 Estados para un CSNU integrado por 11 miembros (o sea, 22% de la composición de la Organización), hoy son 193 los Estados para un CSNU compuesto por 15 miembros (es decir, 7,7%). No se trata, por lo tanto, de extinguirlo, sino de adaptarlo al siglo XXI.


Brasil defiende que apenas un Consejo de Seguridad verdaderamente representativo y transparente, que permita un mayor nivel de participación de los Estados miembros, podrá traducir adecuadamente los intereses de la comunidad internacional, sobre todo de los países en desarrollo, en los días corrientes. La expansión del CSNU, con el ingreso de nuevos miembros permanentes y no permanentes, contribuirá a que las decisiones del organismo, que afectan a toda la comunidad internacional, sean tomadas con más equilibrio y de forma más legítima, eficaz, inclusiva y justa.

En ese debate, que cobró intensidad a partir de los años 1990, Brasil se unió a Alemania, India y Japón para formar el denominado G-4 en 2004. Como premisa básica el grupo defiende la expansión del CSNU en las categorías de miembros permanentes y no permanentes con mayor participación de países en desarrollo en ambas para mejor reflejar la actual realidad geopolítica.  Con base en el reconocimiento mutuo de que son candidatos legítimos a miembros permanentes en un Consejo de Seguridad reformado, los cuatro países apoyan sus candidaturas recíprocamente.

En 2005 el G-4 presentó ante Naciones Unidas un proyecto específico de resolución (L.64), que resultaría en un Consejo expandido a un total de 25 miembros, con 6 nuevos asientos permanentes atribuidos a África (2), Asia (2), Europa Occidental (1) y América Latina y el Caribe (1), y 4 nuevos asientos no permanentes para África (1), Asia (1), Europa Oriental (1) y América Latina y el Caribe (1). La propuesta del G-4 también planteaba la reevaluación de la reforma luego de 15 años, cuando se consideraría, entre otros aspectos, la cuestión del veto. Hasta la revisión, los nuevos miembros permanentes asumirían el compromiso de no utilizar el veto en sus deliberaciones en el CSNU.

Cabe resaltar que Brasil es también miembro del Grupo L.69, que defiende la ampliación del Consejo de Seguridad en ambas categorías de miembros y la mejora de los métodos de trabajo del organismo y es compuesto de cerca de 40 países en desarrollo de diversas regiones, entre los cuales países de menor desarrollo relativo, países en desarrollo sin salida al mar y pequeños Estados insulares, además de los países del IBSA (India, Brasil y Sudáfrica), entre otros.

Brasil está convencido de que solamente la ampliación de los asientos en ambas las categorías de miembros  - permanentes y no permanentes - puede remediar el grave déficit de representación del Consejo. Asimismo, dudamos de que sea posible, de buena fe, negar los dividendos que, en términos de legitimidad y eficacia, podrían derivarse del refuerzo de la representatividad del Consejo.

Así que la expansión en ambas categorías cuenta con el apoyo de una gran mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas y debe ser considerada en el futuro proceso negociador. En este contexto, el Brasil ha tratado de trabajar con sus socios para inyectar mayor impulso político en el proceso de reforma.

Después de más de 20 años de debate, aunque todavía hay diferencias significativas de opiniones e intereses, ningún modelo de reforma reúne una base de apoyo tan expresiva como la de la expansión en ambas categorías, conforme defiende el G-4. Hay una mayoría consistente y significativa a favor de ese modelo de ampliación entre los miembros de la Organización.

Para Brasil, la protección de la credibilidad del Consejo de Seguridad, obtenida por medio de una reforma integral, puede ser vista como un objetivo nacional. Un debilitamiento del CSNU, además de implicar riesgos a la estabilidad internacional, se daría en beneficio de instancias de concertación en las cuales el país tendría escasa influencia y en detrimento de las conquistas de los últimos 60 años en el plano de la consolidación del derecho internacional a través de la ONU. Por ello, atento al ordenamiento por el que pasa el mundo pos Guerra Fría, Brasil debe participar activamente de las discusiones sobre paz y seguridad, especialmente respecto a la reforma del CSNU.

La actuación de Brasil en el escenario internacional ha consolidado la imagen del País como no sólo dispuesto, pero también capaz de asumir mayores responsabilidades en el ámbito de la paz y la seguridad internacionales. Esta participación - junto con otros factores como la capacidad económica, la estabilidad democrática, la gran población y extensión geográfica - hace natural que Brasil sea considerado en el momento en que sean reformados los órganos decisorios de las Naciones Unidas, en particular el Consejo de Seguridad.


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